Dos niños forman palabras con tarjetas de letras sobre una mesa amarilla

Comprender y acompañar a los/as niños/as con dislexia

Con motivo del próximo 8 de octubre, Día Internacional de la Dislexia, queremos poner el foco en una pregunta que comparten muchas familias y docentes: ¿cómo podemos ayudar cuando aprender a leer y escribir se convierte en una tarea especialmente difícil?

La respuesta empieza por comprender cómo se adquiere la lectoescritura, reconocer las dificultades y ofrecer una enseñanza adaptada. También requiere cuidar la confianza del/a niño/a: una lectura lenta o un dictado con errores no explican todo lo que sabe, lo que se esfuerza ni lo que puede llegar a aprender.

La lectoescritura empieza antes de la primera palabra escrita

Las conversaciones, los cuentos y los juegos con el lenguaje forman parte del camino hacia la lectura. A través de ellos, los niños amplían su vocabulario, aprenden a expresar ideas y comprenden relatos cada vez más complejos. Estas capacidades contribuyen después a entender lo que leen. La revisión de Snowling y Hulme (2025) destaca la importancia del lenguaje oral en el desarrollo lector.

Para aprender a leer, también necesitan descubrir cómo se relacionan los sonidos del habla con las letras. Poco a poco, aprenden a reconocer sonidos, combinarlos y leer palabras. Con la enseñanza y la práctica, este proceso puede hacerse más preciso y fluido.

La escritura comparte parte de ese aprendizaje, pero exige además representar los sonidos, adquirir conocimientos ortográficos y organizar las ideas. Por eso, enseñar lectoescritura supone atender tanto al código escrito como al significado de lo que se lee y se escribe.

Comprender la dislexia

La dislexia implica dificultades persistentes para leer palabras con precisión o fluidez y suele acompañarse de dificultades ortográficas. Su expresión varía de una persona a otra. Algunos niños cometen numerosos errores y otros leen con bastante precisión, pero necesitan mucho tiempo y esfuerzo.

Snowling y Hulme (2024) señalan que las dificultades en el procesamiento fonológico constituyen un factor de riesgo relevante. También destacan la importancia de los antecedentes familiares y de las dificultades tempranas del lenguaje.

Estas señales deben interpretarse dentro de una valoración individual. Un error aislado, una inversión de letras o una lectura lenta no bastan para identificar dislexia. Sin embargo, cuando las dificultades se mantienen, conviene explorar qué está ocurriendo y comenzar a ofrecer apoyo, sin esperar a que aumente el desfase escolar.

Evidencia científica

La evidencia científica de los últimos cinco años respalda una enseñanza explícita, sistemática y acumulativa de las habilidades del lenguaje escrito. Esto significa explicar con claridad, mostrar cómo se realiza una tarea y ofrecer práctica guiada siguiendo una progresión organizada. Es decir, enseñar de manera directa las relaciones entre sonidos y letras, la decodificación, la ortografía y el reconocimiento de palabras, siguiendo una secuencia y revisando los aprendizajes anteriores.

La International Dyslexia Association (2024) describe la alfabetización estructurada como una enseñanza explícita y sistemática de la decodificación y la escritura, integrada con vocabulario, comprensión, gramática y expresión escrita.

No se trata de trabajar solo con sonidos. El objetivo final es que el/la niño/a pueda leer con precisión y fluidez, comprender y expresarse por escrito. Sin embargo, cuando existen dificultades para decodificar, estas habilidades no deberían darse por supuestas.

¿Cómo acompañar desde casa?

A continuación proponemos algunas actividades y estrategias que podemos poner en práctica desde casa:

  • Compartir lecturas: Podemos leer nosotros, alternar pequeños fragmentos y conversar sobre la historia. Escuchar un cuento también permite disfrutar de los libros y ampliar vocabulario.
  • Jugar con sonidos y letras: Identificar el sonido inicial de una palabra o formar palabras sencillas con letras móviles puede ayudar a practicar lo que se está aprendiendo.
  • Buscar momentos breves y tranquilos: Conviene adaptar la duración a su capacidad de atención y cansancio, evitando que la práctica se convierta en un conflicto.
  • Escribir con un propósito: Una nota, una lista o una felicitación permiten utilizar la escritura para comunicar algo real.
  • Corregir con un objetivo claro: Podemos centrarnos en una dificultad concreta y mostrar cómo resolverla, en lugar de señalar todos los errores a la vez.
  • Reconocer los avances: Comentarios como “hoy has leído esta palabra sin ayuda” permiten identificar el progreso.

¿Qué puede hacer el colegio?

La forma de dar instrucciones, organizar la participación y evaluar puede ayudar a que un/a niño/a con dislexia aprenda y muestre lo que sabe.

  • Evitar pedirle que lea en voz alta de forma inesperada: Si quiere participar, se puede acordar previamente un fragmento y darle tiempo para prepararlo.
  • Dar consignas claras y visuales: Presentar instrucciones breves, separadas en pasos, y acompañarlas de ejemplos, esquemas o imágenes que ayuden a comprender la tarea. Conviene explicar también la consigna oralmente y comprobar de forma discreta que sabe por dónde empezar.
  • Reducir la copia innecesaria: Facilitar los enunciados y apuntes permite que dedique más atención a comprender y resolver la actividad.
  • Dar tiempo para responder: Evitar interpretar la lentitud como falta de conocimiento ya que puede necesitar más tiempo para leer una pregunta, organizar sus ideas o escribir la respuesta.
  • Evaluar según el objetivo de aprendizaje: Si se están evaluando conocimientos de Ciencias o Historia, dar prioridad al contenido aprendido y evitar que la ortografía determine la calificación.
  • Permitir distintas formas de demostrar lo que sabe: Según la tarea, incorporar respuestas orales, esquemas, presentaciones o herramientas de apoyo.
  • Corregir con discreción y explicar cómo mejorar: Evitar señalar sus errores delante de los compañeros, compararlo con otros o utilizar expresiones como “no te esfuerzas”. Para ello debemos seleccionar objetivos de mejora concretos y reconocer sus avances.
  • Mantener una enseñanza específica de la lectoescritura: Los apoyos en el aula deben acompañarse de un trabajo planificado sobre sus dificultades y de coordinación entre docentes, familia y profesionales.

Aprender con apoyo y confianza

Con motivo del Día Internacional de la Dislexia, queremos recordar que cada niño/a necesita ser escuchado y contar con oportunidades para avanzar.

La colaboración entre familia, colegio y profesionales permite compartir objetivos y revisar los apoyos. Acompañar significa enseñar con claridad, ajustar las expectativas a cada momento y reconocer los pequeños progresos que construyen el aprendizaje.

Referencias

  1. International Dyslexia Association. (2024). Structured literacy defined: An explanation and rationale [Ficha informativa]. https://dyslexiaida.org/wp-content/uploads/2025/12/8_SL-Fact-Sheet.pdf
  2. Snowling, M., & Hulme, C. (2024). Do we really need a new definition of dyslexia? A commentary. Annals of Dyslexia, 74, 355–362. https://doi.org/10.1007/s11881-024-00305-y
  3. Snowling, M. J., & Hulme, C. (2025). The reading is language model: A theoretical framework for language and reading development and intervention. Annual Review of Developmental Psychology, 7, 195–218. https://doi.org/10.1146/annurev-devpsych-111323-084821

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